El parto inducido es un procedimiento médico que sirve para iniciar las contracciones cuando el parto no comienza de forma espontánea, pero es necesario dar a luz al niño para proteger la salud de la madre y el niño. Se puede proponer cuando el embarazo supera el período esperado de más de 1 a 2 semanas, en caso de ruptura de agua sin contracciones, hipertensión arterial, patologías específicas del embarazo o del crecimiento fetal, o signos de disminución del bienestar fetal. La inducción se puede realizar de diferentes maneras: - con fármacos hormonales (prostaglandinas), que ablandan y preparan el cuello uterino; - con oxitocina intravenosa, para estimular las contracciones; - con ruptura artificial de las membranas, para facilitar el inicio del parto; - con métodos mecánicos que utilizan un globo insertado dentro del cuello uterino para promover la dilatación. Todo el proceso se lleva a cabo en el hospital, con un seguimiento continuo y una atención obstétrica constante. Si las contracciones fueron más intensas que las espontáneas: en estos casos es posible solicitar analgesia epidural u otros métodos de alivio. Hable con su médico y su equipo de salud de antemano: incluir esta posibilidad en su plan de parto le ayuda a sentirse más preparada e involucrada en las decisiones. Pide siempre una explicación de los motivos, los tiempos y las alternativas: saber qué esperar te ayuda a vivir con confianza incluso un parto inducido.